Tardeo con tapas en Alicante: plan redondo
El tardeo tiene una ventaja sobre casi cualquier otro plan: no hay que decidir a qué hora acaba. Empiezas comiendo algo, sigues con una copa y, cuando quieres darte cuenta, la tarde se ha hecho noche sin que nadie propusiera nada. En Alicante eso pasa nueve meses al año.
La clave está en elegir un sitio que aguante las tres fases. Porque el tardeo en Alicante se rompe cuando tienes que cambiar de local a mitad: se pierde la mesa, se pierde el ritmo y se pierde media conversación por el camino. Un plan redondo no es el que tiene más paradas, es el que no obliga a levantarse.
Empezar por la mesa, no por la barra
Un buen tardeo arranca con algo que se comparta sin protocolo. Nada de platos individuales ni de esperar a que llegue todo: se pide, se pone al centro y se va picando mientras la conversación coge temperatura.
El error clásico es tratar el tardeo como una comida que empieza tarde. No lo es. Aquí no hay primero y segundo, hay cosas pequeñas que van llegando al ritmo que marca la mesa.
Las tapas en Alicante funcionan justo por eso. Una marinera, una ensaladilla rusa y unas patatas bravas son suficientes para arrancar entre cuatro. Si la mesa viene con hambre de verdad, las alitas fusión €, los fingers de pollo o las patatas ranch cambian el plan de escala. Lo importante es pedir poco y pedir otra vez, no llenar la mesa de golpe.
La transición: cuando la cocina cierra y la tarde sigue
Aquí está el detalle que mucha gente no prevé. La cocina de un restaurante no está abierta ininterrumpidamente: tiene su turno de mediodía y vuelve por la noche. En medio hay un hueco, y ese hueco es exactamente el tardeo.
Ese rato intermedio no es un problema, es la mejor parte, siempre que el sitio siga sirviendo bebida y no te invite a irte. Es cuando la mesa baja revoluciones y aparece la conversación buena. Y cuando la cocina vuelve a abrir, ya estás sentado.
De la caña al cóctel sin levantarse
El paso natural del tardeo es ir subiendo de categoría en el vaso. Se puede empezar con una caña de Cruzcampo o una 1870, y a media tarde entra el aperitivo: un vermut Martini o Izaguirre, un Lustau o un Aperol.
A partir de ahí, la carta de cócteles hace el resto. Aperol Spritz, un Agua de Valencia, un Mojito Moreno y un Espresso Martini. Ese último es el que mejor resume el tardeo: lleva café y lleva vodka, o sea que sirve para despertarse y para quedarse. No hace falta un cocktail bar aparte para cerrar la tarde bien.
La terraza es la que manda
En Alicante, el tardeo se juega fuera. Una terraza con sombra a media tarde y con la luz cayendo de lado a última hora vale más que cualquier decoración interior. Es también lo que permite que el plan se alargue sin que nadie mire el reloj.
En un barrio como San Gabriel eso se nota todavía más: menos ruido de tráfico, menos gente de paso y más sensación de estar en un sitio y no cruzándolo. Comer en Alicante y quedarse a tomar algo son aquí la misma cosa, y no dos planes distintos que hay que encajar.
Y hay un detalle práctico: no hay que reservar para el segundo sitio, porque no hay segundo sitio. Eso evita el momento de las seis de la tarde en el que alguien saca el móvil para buscar dónde seguir y el grupo se parte en dos.
Por qué sale redondo
Un tardeo bien montado no necesita reserva de restaurante, ni horario cerrado, ni decidir a las cuatro de la tarde si se va a cenar. Necesita una mesa cómoda, algo que picar al principio, bebida que acompañe el resto y un sitio que no te eche.
Puesto así parece poco, pero es justo lo que falla en la mayoría de sitios: o tienen buena cocina y cierran la tarde, o aguantan hasta tarde y no dan de comer. Las tapas en Alicante y la coctelería suelen vivir en locales distintos, y ahí es donde se parte el plan.
Eso es exactamente lo que se puede armar en Bendito San Gabriel: empezar con tapas, seguir con vermut, enlazar con cóctel y, si la tarde se ha portado, quedarse a cenar. Si vais en grupo, avisad antes y os guardamos sitio fuera.